Reflexiones

En la Arqueología de Aisén está todo por descubrir

Francisco Mena Larraín.

Arqueólogo, Dr. en Antropología

CIEP

Mucha gente piensa que si en Aisén no se encuentran aldeas (menos monumentos o pirámides….) ni cerámica o vasos de oro, la arqueología es poco importante. Sueñan con un Museo Regional donde haya curiosidades y tesoros impresionantes y puede ser desilusionante decirles que lo más espectacular va ser una boleadora o una punta de proyectil y que no parece decente exponer huesos humanos….. Esto refleja la idea simplista de que lo que buscan los arqueólogos son tesoros, cuando en realidad lo que se busca es conocer algo más de la historia humana. Por eso, la prehistoria de Aisén es tan interesante como la del Norte Grande o la de Egipto.

Así como de alguna manera la cultura de Aisén es una cultura de lo pequeño y lo pobre y eso la hace particularmente interesante, la prehistoria de Aisén es una larga sinfonía. Para apreciarla se requiere una cierta sensibilidad y no estar esperando la canción popular de tres minutos. Cuando realmente nos disponemos a apreciar el complejo fluir e interactuar de los cambios ambientales con los movimientos humanos, los cambios sutiles en la organización social de generaciones de antiguas familias o sus sistemas de comunicación (que incluyen no sólo llamativos paneles de arte rupestre, sino cantidad de pinturas modestas desparramadas en el paisaje y pinturas corporales o cantos que ignoramos por completo….) nos maravillamos con esta riqueza y complejidad.
Puede ser paradójico, pero uno de los grandes incentivos para investigar en la arqueología de Aisén es precisamente que está todo por descubrir. Lo que creíamos saber hace veinte años (ej. que la secuencia de Cueva Fell se iba a repetir acá) ha demostrado ser falso. Lo que creíamos hace diez años (ej. que los seres humanos no se habían internado en los bosques occidentales) ha resultado ser falso. Lo que creíamos hace apenas dos años (que todos los incendios forestales fueron provocados por el hombre y sólo por los colonos del siglo XX) ha resultado ser falso.
Por otra parte, en pocos otros lugares del mundo se da la situación que se da en Aisén continental de que no existen crónicas ni indígenas herederos de los ocupantes prehistóricos, por lo que la única vía para conocerlos es la investigación arqueológica. Esto enfrenta a la arqueología a una enorme responsabilidad, porque no sabemos nada y para dirimir entre dos interpretaciones es clave contar con buenos estudios arqueológicos en una Región donde -por lo demás- este tipo de investigaciones no es fácil. Lamentablemente, las condiciones ambientales no favorecen la conservación de restos de actividad humana en el bosque. Incluso si se conservaran (y además del embate destructor de factores naturales están factores antrópicos, como las devastadoras quemas del siglo pasado o la ganadería) es casi imposible verlas, tanto porque son muy pocas y poco llamativas (casi siempre un fragmento de hueso o de piedra tallada…) como por el pasto que las cubre. La vegetación y las fuertes pendientes y escarpes rocosos obstaculizan inclusive caminar por ciertos lugares. Una de las pocas ventajas de una mayor actividad humana de remisión de suelos es la probabilidad de hallazgos casuales por aficionados y, de hecho, estos son frecuentes en países de Europa o en Estados Unidos, pero prácticamente inexistentes acá, donde hay poca población, pocas de estas obras y –sobre todo- poca conciencia, por lo que aunque se encuentre algo, pasa desapercibido o bien no se informa.

Una pregunta muy importante, por ejemplo, es la de si los indígenas de la costa y los de las estepas interiores tuvieron algún contacto. Lamentablemente, la información que podría ayudar a responder esta pregunta es casi inexistente y hay que tener especial cuidado en su resguardo, adecuado análisis y –por supuesto- en que no se pierda… En varios sitios arqueológicos estudiados en la Región se han descubierto, por ejemplo, uno o dos fragmentos de concha pero siempre aparecen muy fragmentados como para poder identificar si son del Océano Atlántico o del Pacífico. E incluso si se pudiera resolver este escollo (Kemel Sade, por ejemplo, lo está intentando mediante análisis de isótopos de oxígeno que reflejan la temperatura del agua) y se demostrara, por ejemplo, que el material vino del Pacífico, habría muchas maneras de interpretar este hallazgo (desde fruto de un intercambio muy raro y heredado por generaciones hasta evidencia del acceso regular a las fuentes y hasta de intercambio social y genético…) Para ir restringiendo el rango de interpretaciones posibles será necesario recurrir a otros análisis y evidencias, desde los huesos y conchas descartadas como residuo de alimentos hasta las capas de cenizas volcánicas o la huella de antiguas plantas dejadas en el polen. En todo caso, todo nos habla de esa sutil historia de hombres y mujeres a través de los milenios, no de tesoros ni pirámides espectaculares. De seres humanos interesantes, no de objetos llamativos….

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2 respuestas a Reflexiones

  1. Klaus Lindberg dijo:

    Muy interesante el artículo. Además, de fácil lectura para los interesados -la gente de Aysén-. Sería bueno que la arqueología de esta Región tenga más espacios, lo cual debiera construirse integrando a la gente de esta zona que ha luchado por estudiar las raíces de su lugar de origen, de lo contrario solo satisfacería el ego y el bolsillo de quienes hacen investigación, significando un gasto innecesario para el Estado sin retribución a la población.

  2. helmut vergara dijo:

    Este caballero se ha llevado todo el patrimonio de Aysén al museo de su abuelo que es el museo precolombino de santiago. Hubo que darle pega en coyhaique para que trajera una parte de vuelta, pero dejo a sus discipulos saqueando el resto con el apoyo de instituciones pagadas por los mismos ayseninos como el ciep. Si la arqueología de aysen es tan facinante ¿por que es la más atrasada de Chile?. He escuchado que con ex colegas de la universidad de chile que trabajan en el consejo de monumentos no dejan que nadie mas trabaje en aysen como kemel sade que practicamente financia solo sus investigaciones.

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